
¡Buenas tardes Chile!
Yo exijo una explicación inmediata a mi organismo, por el abuso anteriormente cometido ante mi persona de tercera y cuarta edad. El Alzheimer y la ceguera, son los deportes extremos y patrios de mi asilo de ancianos, y por lo mismo, yo los defenderé y me defenderé, hasta que me lleguen los pañales limpios. Está bien que digan que andaba corriendo a pies descalzos, sin que se me vieran, o que la barba me llegaba al ombligo, pero no me parece bien que se me elimine como estiércol en medio de una barrida con pala alemana. Espero que no me vuelvan a regar los pies, que yo no me reproduzca con agua ni aceite.
Antes eran gemelas las bellas damas que me visitaban, y yo me sentía muy feliz, porque posiblemente ya no me iban a dejar sin verlas, (las autoridades de arrugas varias), pero ahora que son trillizas, todas las cosas han cambiado rusticamente: las neuronas y hormonas, por ejemplo, son de chiquillo. Creo que una invitación de cada una de ellas, a la semana, con comida, baile y canciones románticas, es lo mínimo que puedo obtener. Esas cosas son las que con mis nuevos lentes de color verde, como tinte de esencia natural, me han hecho saltar en una pierna, porque la otra ya se me cansó; aplaudiendo con los pies, para sostenerme con las muletas… ¡soy un campeón!
Gracias por brindarme la oportunidad de saludarte, sin tener que pagarte el Iba por babosería, siendo que estoy debiendo dinero por exceso de saludos y palpitaciones de corazón. La cuenta cada día aumenta más y ya estoy cada minuto más viejo. Me di cuenta que no eran tres las mujeres, ni eran hermosas, sino, que mi ceguera me tenía bien cagado, y era una vieja asquerosa la que se me repartía por tres.
De todas formas, espero que pases un feliz año nuevo, y que los calzones amarillos no te los pongas arriba de la falda.