
Cuando estaba en medio de un asado de curso, que no era el mío, sino el de un pequeño gusanin, me enteré de la noticia que marcaría el paro en todo tipo de hogares, sociedades (nacionales e internacionales), seguramente sería calificada como la noticia del año aunque este estuviera terminando, de manera abrupta por tal comunicado.
El hombre de las tinieblas, de capa y anteojos oscuros había muerto como un simple vejestorio o un anciano rabioso por sus dolores físicos y mentales. Ya estaba bueno digo yo.
Soy de la época de los 90’ y recuerdo esos comerciales andantes en que mediante camionetas se festejaban las nuevas postulaciones de un candidato que difundiría la tan anhelada y esperada democracia. En sueños se quedarían esas pretensiones porque el presidente de los 90’s no sería tan poderoso o grandioso como era el deseo de los millares de ciudadanos sufrientes de derechos humanos aniquilados.
La familia sufre obviamente por el descanso de un senil que no sabía pensar ni caminar, los hombres populares disfrutan por el cierre de una etapa que ya hace tiempo debería haber sido tapada y enterrada... hoy se entierra el cuerpo y ojalá el sentimiento de venganza y antisociabilidad entre chilenos de todos los sectores políticos y humanos.